Fernández-Braso tiene el placer de invitarles a la primera exposición de Alfonso Albacete (Antequera, Málaga, 1950) en la galería. La muestra, titulada Pintura de campo, está formada por una treintena de pinturas realizadas entre 2024 y 2026.
Con motivo de la exposición, la galería ha editado un catálogo con las obras presentadas y un texto escrito para la ocasión por José Carlos F. Ramos y Armando Montesinos, con la colaboración de Mitsuo Miura, Ignacio Gómez de Liaño y Santiago Auserón. El texto, mezcla de conversación con el artista y ensayo sobre su trabajo, ilumina “esta exposición repleta de dificultades técnicas y laberintos simbólicos”.
Envueltos, unas veces, en una luz crepuscular -metáfora de la tierra y de la pintura barroca andaluza- y otras deslumbrados por la resplandeciente luz del levante español, Albacete convoca a sus “fantasmas” en el patio de un cortijo que fue vida y ahora memoria pintada. Desde allí “vagabundea por los grandes maestros antiguos y por los actuales”, los artistas que “han configurado su obra y su vida”. De De Kooning, Pollock, Diebenkorn, Stella, Jasper Johns… a los conceptuales, ya sea Duchamp (“No es que yo piense que haya ejercido una influencia crucial en mi pintura, pero sí y mucho en la forma de pensar la pintura”) o Nacho Criado, español como otros que también aparecen en este “retrato de familia”: Mitsuo Miura, Juan Genovés, Carlos Alcolea, José Guerrero, Sorolla, Miró… pasando por un par de obras de artistas que forman parte de la Historia del Arte y que son fuente inagotable de reflexión, la “Anunciación” de Fra Angélico y los “Cazadores en la nieve” de Brueghel. “Mi idea es que tú abres esa puertaventana, los postigos, para mirar el exterior, ves a De Kooning y cierras. Abres esa otra, ves el “Étant Donnés” de Duchamp y vuelves a cerrar”.
“Otro grupo de obras tiene mucha relación con lo que llamaría su léxico, una serie de temas y motivos que atraviesan su trabajo desde siempre. Cuadros que contienen varias luces distintas, tiempos simultáneos, tal y como funciona la memoria, o el empleo de nombres mitológicos, como Alejandro, Gilgamesh, Judith, Ífito… cuadros antiguos que ha vuelto a replantear, de gran complejidad, con sus distintos momentos y espacios”.
“En ellos vuelve a aparecer el Albacete arquitecto, en el modo en que entiendes los espacios y los articulas con tus obras en una suerte de instalación, o los incluyes en ellas como en un juego de espejos. La galería no sólo como lugar de exposición, sino como espacio de creación, donde la pintura fluye por paredes y suelo”. Pinturas que “proponen una cantidad enorme de planos diferentes” en “una suerte de superposición” y “sin ningún respeto a las reglas lógicas del espacio euclidiano. Son sus “loci, lugares, y luego imágenes, que como en su pintura, tienen que ser vibrantes, llamativas, que se capten enseguida y se adhieran al lugar para crear el recuerdo”.
Alfonso Albacete “pinta el acto de la pintura y su propia reflexión sobre ella. ¿Qué significa eso? Que ha comprendido algo profundo que afecta a toda la historia de la pintura, sin limitarse a distinguir entre figuración y abstracción, o incluso entre la naturaleza y su representación. Él mismo dice estar llevando a cabo una suerte de performance”.
Al final, “cuando entran en juego los espectadores; ya no se juega la misma partida que juegan las obras en el estudio. Es otro campo en el que entran muchas memorias y es entonces cuando adquieren su papel definitivo, a lo peor mueren en el intento y desaparecen como piezas de arte, o se mantienen a lo largo del tiempo despegándose del discurso que las generó”.
Alfonso Albacete ha expuesto en las principales galerías y museos de España desde la década de los setenta. Sus últimas exposiciones individuales han sido en la Galería Marlborough, en la Fundación Lázaro Galdiano, la antológica Las razones de la pintura, en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo de Sevilla y La pintura inevitable, en el Centro Cultural las Claras de Murcia, su última exposición, comisariada por Isabel Tejeda.
Su obra forma parte de los fondos de importantes colecciones como la del Banco de España, Comunidad de Madrid, Senado de España, Helga de Alvear, Fundación “la Caixa”, Fundación Pablo Palazuelo. Recientemente, el Museo Reina Sofía de Madrid ha incluido una obra de Alfonso Albacete, “Tercera pérgola” en la sala 17, denominada “Una pintura más pintada”, dentro de la nueva reorganización de su colección entre el año 1975 y la actualidad. Otros centros y museos que incluyen su trabajo son el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, Museo de Bellas Artes de Bilbao, Museo Patio Herreriano en Valladolid, Colección Würth de Alemania, Colección Dobe de Zúrich, White House en Washington o la Colección Lambert en Bruselas.
En 2022 Alfonso Albacete fue elegido como académico de número por la sección de Pintura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid y tomó posesión el 12 de marzo de 2023 con la lectura de su disertación Bosquejo de Pintura Hablada.
La exposición se inaugurará, con la presencia del artista, el jueves, 16 de abril, de 19 a 21 horas.