Galería Fernández-Braso

Feito
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Obras históricas, que marcaron tendencia y que fueron valoradas con las mejores críticas por los especialistas más influyentes de finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Pinturas que recorrieron los museos más importantes de Nueva York, Washington, París; que formaron parte de las bienales que premiaban a los artistas más destacados del mundo y que terminaron en las principales colecciones internacionales de arte del siglo XX.

 

Es difícil resumir en pocas líneas la importancia de las obras que Luis Feito (Madrid, 1929) realizó en esos años y el momento histórico-artístico al que pertenecieron. Feito va a París en 1956 atraído por la libertad y por la efervescencia de la vanguardia internacional. En esos años la corriente artística dominante era el informalismo –versión europea del expresionismo abstracto norteamericano- que derivaba conceptualmente del movimiento surrealista y que estaba muy influenciado por la filosofía y por la literatura existencialista del momento. Ambas tendencias radicalizaron aun más sus planteamientos en relación a la exploración y representación de una visión más personal, íntima y subjetiva del artista, profundizando así en la creación de un lenguaje abstracto que se desvinculaba del mundo visible y que trataba de crear emociones y sensaciones a través del color, del gesto y de la materia. Si a esa revolución artística le sumamos algunos rasgos propios de la cultura tradicional española -en especial de los artistas de corte más dramático y expresionista- y que además fueron vistos como una interpretación de la situación política española del momento, el resultado fue un lenguaje plástico innovador y contundente, personal y pleno de carácter, que fascinó y atrajo las miradas de los principales estamentos artísticos del momento.   

 

Después serían las bienales hispanoamericanas, las de Sao Paolo, Alejandría y Venecia, las exposiciones en el MoMA, en el Guggenheim y en las principales capitales europeas las que desbordarían las previsiones más optimistas en relación al interés internacional del arte español de aquellos años.

 

Feito y sus compañeros del grupo de El Paso, creado por Saura en 1957, protagonizaron el momento más brillante y admirado del arte español de los últimos años; una época dorada que no hemos vuelto a disfrutar y que ahora deberíamos de percibir como un logro de la cultura española del que tenemos que sentirnos muy orgullosos. 

 

Luis Feito López (Madrid, 31 de octubre de 1929– Rascafría, 7 de febrero de 2021)

En 1950 ingresa en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, siendo este un breve periodo figurativo, seguido de experimentación cubista. Cuatro años después realiza su primera exposición individual con obra de tendencia no figurativa, en la Galería Buchholz, Madrid. Expone también en la Galería Santa Fe (Madrid).2​ Tras completar sus estudios se instala en París en 1956, con una beca que le permite estudiar la pintura de vanguardia, lo que no le impide mantener sus contactos con el grupo de pintores que más tarde formarían en grupo El Paso. Recibe influencias del automatismo y la pintura matérica.3

En el año 1957 participa como fundador del grupo El Paso. La pintura de Feito en esta época está influida por el automatismo, con superficies matéricas en colores blancos, negros y ocres, realizadas con mezcla de óleo y arena. A partir de 1962 introduce el color rojo con contrapunto en sus cuadros y un año después su obra tiende hacia una creciente simplificación formal y material, con motivos predominantemente circulares. En 1970 se impone la plenitud del color y desde 1975 hay una tendencia a la geometrización, que culminará al finalizar la década en su depurada etapa de cuadros blancos.4

En 1981 tras dejar París pasa a instalarse en Montreal por un periodo de dos años. Posteriormente, en 1983 se traslada a Nueva York, donde reside y trabaja hasta principios de los noventa. Obtuvo la distinción de Oficial de las Artes y las Letras de Francia 1985, Comendador de la Orden de las Artes y las Letras de Francia 1993, la Medalla de Oro de Bellas Artes 1998. También fue elegido miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid).

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